jueves, mayo 19, 2016

Cadáveres de Crujiente

Entrando al baño de madrugada te veo ahí arrinconada, asustadiza, oscura y desconfiada aunque sabías que no tenías que tener miedo,  contra ese rincón de moho que jamás limpio porque quién sabe, tal vez es un mundo diferente que no quisiera destruir...tal vez ese microplaneta en el cual te cobijas sea la reencarnación de mis antepasados y de mi futuro cercano.
Me mirás mientras hago mis cosas de siempre y hacés de cuenta que no me ves y yo hago lo mismo; la indiferencia entre nosotras es lo que produce esta convivencia tan apacible en la que ambas partes respetamos el derecho de habitar, de vivir, de estar de la otra parte.
Así son nuestras madrugadas. No tengo idea cuál será tu vida durante el día, no tengo idea de tus actividades pero intuyo que ambas somos nocturnas.
Nos alimentamos de noche, salimos de noche, nos mostramos solamente en la oscuridad y podemos permanecer inalterables durante horas, inmutables mirando a un punto fijo; hice la prueba; me fijé cuánto aguantabas mirando a un punto fijo haciéndote la distraída y sinceramente me ganaste por cansancio.
Demasiadas similitudes entre nosotras.
¡Todo era perfecto! ¿Por qué tuviste que arruinarlo?
Juré dejarte el espacio, ¡pero a vos! ¡Ese era el trato! ¿Y vos qué hiciste? ¡Y no te quieras justificar porque sabés que tengo razón! Comenzaste a invadirme de a poco.
Hace cuatro noches ¡ya no eras vos en el rincón! Ahora había más compañía. Trajiste amigos parece. Me levanté como todas las madrugadas para ir hasta el inodoro y ya no te vi en el rincón de siempre, estabas muy cómoda en medio de los azulejos del piso del baño. A unos centímetros de vos algunos de tus clones tan oscuros como vos. Nadie de ustedes me respetó en lo más mínimo. No se quedaron en estado de stop para que yo pasara si no que corrieron reboltosamente hacia todos lados teniendo yo que esquivar mis pasos para no aplastarlos ¿No te das cuenta que no quería aplastarlos?
¡Era un trato amiga! ¡Un pacto no dicho pero al que ambas partes habíamos accedido y vos rompiste las reglas así que no me culpes por las consecuencias de tus actos!
Yaces envuelta en pedazos de papel higiénico ahora. Yacen allí también tus pares. Hace cuatro días recojo cadáveres. Fui muy cobarde para aplastarlos; no pude. No  podría ver todos esos fluidos saliendo de sus cuerpos quedando impregnados en mis zapatillas para siempre.
Algunos cuerpos todavía se mueven;  yo no sé si están sufriendo o serán especie de tics post mortem. Mis madrugadas ahora no te miran y me reflejan. Mis madrugadas ahora no esquivan cuerpos convulsionados que corren hacia los rincones sin respetar mi espacio y nuestro contrato de convivencia. Mis madrugadas limpiaron el microplaneta de el rincón de mi baño, ya solamente mio.
Mis madrugadas ahora entierran pequeños y oscuros cadáveres en tachos de basura envueltos pedacitos de papel higiénico.
Ahora te pienso como arte. Artísicos cadáveres de crujiente estructura apilados en una gran montaña de basura y al pensarte como arte te digo, -¡No estés triste que cuando uno es arte no es tristeza, ni absurda melancolía!-.