lunes, marzo 24, 2014

Descalza

Ando sin zapatos y me pesan los pies como si llevara macetones de cemento en ellos, como si mil muertos y mil màs estuvieran sobre mi espalda cayendo. Pinchan mi àrida piel piedritas incesantes encarnàndose desde mi talòn hasta mi dedo meñique. Mis pies se congelan a travès de mis agujereadas medias que se clavan entre los dedos jugando quien sabe a què, si a embocar de a dos dedos en un agujero y lastimar màs o no sè... Quito estos harapos de mis pies y sigo màs descalza de lo que empecè. Tengo sed. Una sed desèrtica. Una sed tan aguda que las comesuras de mi boca y mis labios se descascaran de a pedazos. Cada articulaciòn de mi cuerpo te pide, te pide que vuelvas el tiempo atràs. Te pide que alivies con unguentos màgicos la resequedad de mi ser. Que no seas sòlo palabras. Cada gesto de mis ojos te mira. Mira esos recuerdos de carentes dìas imaginarios que pasamos juntos enredados entre sàbanas con olor a tè con limòn, Dìas en que mis pies volaban sin pinchazòn y estaban tibios como el sol de otoño y livianos como las hojas que el viento desprendiò. Mi sed era colmada con esos besos pasajeros de dìas no hàbiles, de dìas no feriados, de dìas laborales, en los que tu presencia solìa faltar. Esos besos escatimados, guardados para amores con quizàs màs corazones que los que estos pies palidecientes, e ste rostro transparente pudieron llorando ofrecerte.