lunes, febrero 17, 2014

SOLÌA

EN MI JUVENTUD SOLÌA... EN MI JUVENTUD SOLÌA REIR... EN MI JUVENTUD NO ME IMPORTABAN LAS MIRADAS NI LOS JUICIOS SOBRE MI... EN MI JUVENTUD SOLÌA CORRER, SALTAR Y ENAMORARME... AHORA ARRANCO MIS CANAS FRENTE AL ESPEJO DETERIORADO Y OSCURO... AHORA OBSERVO A MI PASADO COMO SI FUESE UNA PELÌCULA ANTIGUA A LA CUAL NO PERTENEZCO... MI PASADO QUEDÒ DEL OTRO LADO DE LA VENTANA, VENTANA QUE CADA VEZ ES MÀS GRANDE MIENTRAS LA VEJEZ SE OCUPA DE ENCOGERME Y EXTERMINAR LO QUE QUEDA DE AQUEL YO QUE TAN EN UN SOPLO SE VOLÒ... UTÒPICA JUVENTUD QUE ARRANCÒ MI REALIDAD!!!

martes, febrero 11, 2014

Adoquines Grises (bY Ivi Lorca- Foto bY Victor Cabrera)

Paredes de adoquines grises el laberintos de incertidumbre; la lava de un corazòn efusivo no alcanza para quemar a estos adoquines duros que callan sin estallar. Pies descalzos se electrocutan con recuerdos; prisiones certeras de fracasos recurrentes. Padres pudrientes madres ausentes. Cerebro destilado perforado mutilado escarchado y solemne. Solo soy pasado no hay futuro no hay presente; hay paredes de adoquines grises con incertidumbres murientes. ¡Extraño a mi niña no nacida, a mi niña yo entristecida y le grito alegorìas pero no me devuelve mi infancia tan turbia tan rancia tan sòlo adoquines grises en mis paredes en mis veredas en mis terrazas en mis secuelas en mis ausencias en mis tinieblas en mis venas verdes derramadas!

viernes, febrero 07, 2014

ACÀ TENÈS OTRA OPCIÒN EN LA QUE TE ESPERO PARA PARTICIPAR...

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NO DEJEN DE PASAR POR...

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CUARTA PARTE DE UN CUENTO COMUNITARIO PARA QU LITERATURA...A EDITARSE PRÒXIMAMENTE Y DE DISTRIBUCIÒN GRATUITA... TENGO EL HONOR DE CONTINUAR CON LA CUARTA PARTE QUE SIGUE ASÌ....

Seis treinta, seis treinta, pensaba. Me escabullí por los oscuros pasillos sin emitir sonido, tragando aterrado mi propia respiración. Seis treinta, el retrato yo, el retrato seis treinta, yo, la pelirroja el retrato yo, yo la pelirroja. ¿Qué diablos hacía yo en ese retrato? Iba a enloquecer. Mi corazón latía saliéndose de mi pecho a doscientas pulsaciones por segundo. Enfilé hacia la salida de atrás. Me pareció la mejor opción debido a que no sabía qué hora era; podría pasar que los citados a la reunión justo entrasen por el frente, por donde yo había roto la ventana para entrar, y me encontrasen saliendo por allí. Así que lo mejor era la salida posterior, que lindaba con un estacionamiento para personal de la escuela y, más atrás, con una vía abandonada y una autopista. Nadie notaría mi presencia. Envestía velozmente hacia la puerta trasera, cuando escuché la feroz frenada de un coche que estacionaba alterado. Ya junto a la puerta, a un paso de la libertad, quedé paralizado. Las voces de una mujer y de un hombre se escuchaban más y más cerca. Súbitamente reaccioné. Me incliné y miré por la cerradura de la enorme puerta. ¡No podía ser! ¡No! ¡Era la pelirroja, con su altanería, su pronunciado escote, su ajustada pollera tubo y sus altísimos tacones que producían un resonante tic-tac tic-tac anunciando, recordándome las malditas seis treinta y el retrato en la pared! La acompañaba un caballero alto y fuerte, vestido de negro; parecía ser alguien de seguridad, alguien armado que despertaba sospechas, alguien muy raro para que tuviera algo que hacer en un establecimiento de esa clase y prestigio. De repente me sentí invadido por un terror mafioso y a merced de un peligro total, absoluto. Ya estaban sobre la puerta, y yo, petrificado, no pude hacer otra cosa que intentar hacerme invisible pegándome a la pared. ¡Y lo logré! Abrieron la puerta con una llave y pasaron junto a mí dando un portazo indiferente. Durante un segundo me sentí morir… pero cuando pasaron volví a respirar. Caminaron rápidamente a través del largo pasillo hasta la oficina que yo había abandonado hacía minutos diciendo algo acerca de un corazón que necesitaban con urgencia y de un millón de dólares que estaba en juego. Algo acerca de un niño llamado Juan Manuel, Juan Manuel, Juan Manuel. Al oír ese nombre se me rasgó el alma. De nuevo me sentí morir, y casi sin darme cuenta cien lágrimas manaron de mis ojos. Entonces lo supe. No podía irme. Aunque cada neurona de mi cerebro me gritara que quedarme allí era una locura, algo no me dejó abandonar el edificio. Con la resignación de los condenados, emprendí el regreso a la oficina. Caminaba con idéntico terror pero con mayor decisión que antes hacia la oficina, cuando mi torpeza y la escasa luz me hicieron tropezar con un jarrón de porcelana que reposaba sobre una pequeña mesa decorativa colocada en el pasillo. El jarrón estalló en mil pedazos contra el piso en un estruendo que retumbó por todo el lugar. Presa del pánico, conté hasta diez sin moverme, con la vaga esperanza de que la oscuridad me ocultara de los cuatro ojos que se me vendrían encima. Pensé en tomar mi arma y gatillarla. Pero nadie salió de la oficina. ¡No entendía! Nadie salió. Era como si fuese invisible, inoloro, incoloro, invisible… como un fantasma. Recobré el aire nuevamente, caminé unos pasos y me deslicé hacia la puerta, que estaba entreabierta. Acerqué un ojo y miré con cautela. En el otro extremo de la oficina, ellos bailaban. Bailaban un baile raro y feroz. Entre mordiscones, gemidos y rasguños se revolcaban sobre el escritorio a la luz de la vela y se desvestían mientras yo y el retrato de mi yo los mirábamos con asco y desprecio. Se apareaban como tigres en celo entre rugidos, escupiendo una repugnancia que jamás había sentido. Ella ordenaba, él cumplía. Según palabras de ella, entrecortadas, distorsionadas, “mi difunto no sabía de satisfacción ni de negocios”.

Vos

Allá por el 52 salía el sol….

Colegiales..
Caserón…
Tías.
Tíos, Primos. Bandeón…
Oporto y calefón….

Hija de tanos…
Hija de de la tierra;
mezcla de aborigen
y quién sabe de qué patria procreada…

Vos.

Vos
tercer semilla
de esos tales
esos tales dos.

Vos 
esa mezcla de luchadores humildes,
de hermano casi no nacido pero enterrado,
de tu hermano mayor que te cuidaba de los buitres del barrio,
porque claro,
la negrita era muy ojeada aunque ella apenas si lo percibía.
El flaco y la petisa jugaban como indios en cuanto podían zafarse a la vereda.
Romances ocultos a la vuelta de la esquina.
Trabajo con billouterie berretonga pero que dejaba un plato de comida en la mesa.

Esmero,
esfuerzo,
trabajo,
valor,
pasión,
inteligencia,
belleza interior y exterior
que dejaste tirada en un rincón
cuando ese don nadie te lastimó. 

Sueños de familia hermosa y feliz,
unida …
juegos, libros, chistes, viajes…
recuerdos….

Túneles debajo de tus sábanas
en camisón disfrutando las mañanas tibias de sol.

El primo que era un hermano más
y siempre tu voz,
que tengamos cuidado,
que juntemos los platos,
que nos abriguemos de ese frío atroz.

Vos

Vos
la madre de las madres
La que nunca nos abandonó.

Vos
la que tanto sufriste
y la que con todo lidiò.

Vos
La que no tuviste un hombro en quien apoyarte
pero tenes hombro y espalda para un montòn.

Vos,
nacida casi con la patria de esta hermosa región.
No te aflijas,¡no! Si te ponés más sabia aunque no veas ni a un camión.

Vos
La única que siempre me amó
La única que jamàs los brazos bajó.

Vos
la que sola a dos hijos crió.

Vos
La que nos dio lo mejor que podías darnos.
valores y buen corazón.

Vos
Mi Madre
La que tengo miedo de perder
La que tengo miedo de que esté
La que no sé qué haría sin vos.

No me puedo desprender
y tampoco puedo estar.

Vos
Vos
Sólo vos
El real valor de mi vida,

Llantos por verte poco,
por la que recreaba obras de teatro para sorprenderte y con la abuelita nos hacían de público.
Yo siempre la mala, el lobo feroz.
Quzás para cuidar a mi hermano. o simplemente para llamar tu atenciòn.
Perdón por no tener métodos.
Perdón por no ayudarte a disfrutar tu vida
que podría haber sido plena,
pero que creció llena de problemas.

Vos
Mi corazón mal formado
pero que aún sigue bombeando..

Vos
Mi ejemplo de vida
Mi tristeza y mi alegría.
Te amo mamita querida.