jueves, abril 24, 2008

Tortura


No puedo entender como en algún momento sentí admiración por ti. Hoy después de tantos años, me doy cuenta de lo vacía que me hace sentir tu presencia. Nada interesante hay en ti. Cada sonido que proviene de tu interior, logra perturbarme hasta en lo más profundo de mi ser. Algunas veces lanzas esas espantosas carcajadas, otras insoportables gritos, y de vez en cuando histéricos llantos, que después de tantos años de soportar, no tolero. Sí, es verdad que pasé algunos días y noches de distracción contigo, pero eso fue así porque no tuve otro remedio. Pienso que habré sufrido algún tipo de encantamiento al pasar esos momentos ante tu presencia. Hoy me doy cuenta que por más sola que esté no disfruto ni un sólo segundo más contigo. Interfieres en todos mis momentos de paz. En todos mis desayunos, mis almuerzos, mis cenas están presentes tus agudas palabras que quedan retumbando en mis oídos y soplando en mi cabeza. Ni siquiera me dejas dormir. Siempre logro escuchar tus monólogos eternos hasta altas horas de la noche. Noche tras noche, tu astucia engatusa a alguien y así logras que te escuche hasta dormirlo. No logro comprender cómo mantienes a todos a tu alrededor. Siempre en el centro de la atención, hasta en los momentos en que pierdes el contacto, debido a tus años años, y te vuelves incomprensible. Por eso, porque no aguanto tu presencia en esta casa, es que quiero destruirte. Sólo me contienen de hacerlo, los brazos de mi familia, a los que después de tantos años de conocerte les resultas imprescindible. Pero sé, que encontraré el momento de hacerlo. Algún día disimuladamente, de manera que parezca accidental, de forma que no puedan culparme, aunque esto me resulte difícil porque todos conocen el odio que te tengo, te destruiré. Te haré tanto daño que no te va a quedar ni una sola cosa en su lugar. Porque te maldigo, porque maldigo el momento en que fuiste creado, voy a destruirte, maldito televisor.