jueves, abril 24, 2008

El Eternauta y la Señora de los Libros


Dicen que un sol eterno llevamos en nuestras armaduras de carne, armaduras a prueba de lanzas nubladas. El sol silencioso lentamente va apagándose en mis venas tercas, según dicen, tercas por querer bombear más... Una sonrisa es todo lo que de ti quiero ver y así admirar en la estrechez de mi mente los vestigios de aquel sol que en algún momento brilló fuertemente en tu jardín, pero que hoy, y no aquí, brilla. ¿Por qué siguen estas venas bombeando, si no desean hacerlo? ¡Ya no más!, piden... La palabra del Eternauta fue la única brisa de este cruel e infinito día...y yo aquí escupiendo mil palabras, sin podérselo agradecer mientras continúo hundiéndome en este mar de gente conocida pero tan extraña que siembra cosas tan banales en mi fastidiado ser rogando al dios cenicero o a cualquier dios que reciba mis plegarias, que esas semillas no broten. Sonriendo con vos, maravilloso y eterno Eternauta, toda aflicción se desvanese ... Pero cuando despierto del sueño, sonriente sueño de tu sonrisa, una lágrima sinfonía del dolor que es demasiado, en esta vida sinfonía inteminablemente aguda, agrieta mi rostro y entremoja mis labios contaminándolos de sucia "agriedad". Esta sinfonía en mi menor desgarra y perfora las descorazadas armaduras de carne seca y trémula. Y, mi mundo es tan elemental que cada sonrisa es solamente lágrimas. Mi elemental mundo puede verse desde la Torre de las Alturas Colosales, que se encontraba en el pasado en el centro del Edén y fue posteriormente derrumbada por mil enanos calentones que en Su lugar construyeron su propio circo. Entonces mis venas, quizás las del Eternauta también, son llamadas tercas; sí, las llaman necias; quizás las llamen así por ser diferentes, porque logran escuchar el sonido de los caracolitos del mar que es tan triste. Quizás las llamen necias por envidia, por ellos no poderlas poseer; por no poder lograr transformar sus azules venas estrujadas, retorcidas y acuachentas, en rojas y grandes venas que conocen de tantos secretos... Es por eso que estas "necias venas tercas" tan tristes de soledad, ¡explotan! y los malditos enanos del circo ríen y beben de la roja sangre creyendo que podrán de este modo ser más humanos. Bailan y dan brincos de alegría festejando en su ritual, mientras que los que llamaban a las venas "rojas venas necias y tercas", mueven la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, con los dedos de una de sus manos sobre su maxilar inferior, en forma de negación y falsa preocupación, vistiendo de negro y murmurando entre ellos comentarios sin sentido para las venas, que aunque reventadas aun pueden desde algún lugar seguir escuchando a los muertos comentarios de los vivos...