martes, diciembre 18, 2007

Encuentro


La esquina desamparada te amparó a las cuatro.

El gigante árbol escondió a esa sombra que buscaba acobacharse bajo el cemento asiento de dominguera plaza de ciudad.

Expresión de grito observé en tus ojos mientras me movía hacia tu intranquila mirada que buscaba sin éxito esfumarse en la sombra o perderse en el barullo relajado de día feriado, de pájaros risueños, sonrisas de leche y maremóticas vibraciones de avenida aplastada y enrojecido pavimento.


Una cara ajena soy...

Una ajena cara sos...


Secas palabras entorbellinadas sucedieron durante aquel otoñal abril...

Secas ramas aromatizadas sucedieron durante aquel otoñal abril...


y

mientras abril sucedía,

las dulces aguas se agitaban por un colmenar sombrero de moscas que no tenían más nada para hacer que revolotear sobre nuestras mentes y crear una carcajada canción que destellaba veleros fugaces en la oscuridad del cielo que se iba perdiendo en el agua.


Y anocheció en un beso frío de labios tibios...


Y anocheció mientras Hércules jugaba al billar con El Toro y La Virgen y yo me perdía en tus ojos y me enredaba en mis palabras.


Y,...anocheció más de noche...


Hoy, mi onírica noche dura despierta a través de la luz de tu puerta...

Hoy mis sueños se tiñen de narices que silban y de nocturnas cabalgatas montada sobre poderosos caballos que me mecen por los prados del buen aire y me asfixian en las brumas matutinas que acarician mi pierna con disimulo.

Hoy mis días amanecen con aroma a rizos de fresco champú y pared de humedad; con aroma a café de sopa de pollo y sahumerio al azar...


Aguas de inodoro lavaron mis penas...

Aguas de inodoro mojaron mis medias...

Ohhh, agua del inodoro, ¿has lavado sólo momentáneamente a este ente?...