jueves, diciembre 22, 2016

El Bosque



Amo salir a comprar puchos a la noche. De paso paseo a los perros. Hoy se me pasó la hora ya que mis horas transcurren de noche mayormente. Es cuando me siento en silencio total y conmigo misma.
Al hacerse tan tarde no salí con los perros y me fui en bici. La azulcita con su canasto en el que a veces se sube E.T y me acompaña.
Volé sintiendo el fresco de la noche. Un placer inigualable. Volar sobre ruedas sin nada en la mente más que el fresco en tu cuerpo.
Hice tres cuadras y llegué a la avenida donde siempre hay kioscos abiertos pero no había luz, por ende estaba todo cerrado.
Decidí hacer un par de cuadras suponiendo que la luz volvería y encontraría un kiosco a pesar de mi miedo absurdo a la oscuridad.
Pero las cuadras se sucedían unas tras otras y la luz no aparecía.
De repente la avenida ya no era la avenida de todos los días sino que era una aventura. La oscuridad, la bici y yo y de repente luces de vehículos q te encandilaban.
El bosque!
Era el bosque con sus linternas. Ese bosque que tantas veces recorrí con mi mochila y con mi carpa. Con un peso extremo sobre mi espalda pero con la liviandad de estar en la oscuridad de la naturaleza absoluta donde el mal no existe, donde solamente existe la libertad y la supervivencia.
Más de una vez el bosque me dio miedo. Ese miedo aparece cuando te invaden pensamientos que tienen que ver con la maldad del hombre o con las cicatrices de la vida. Pero es un bosque en el que te adentrás aferrada a una linternita que creés que te salvará de el miedo a lo desconocido, a esa oscuridad pero que ese miedo es tan errado ya que la única luz que te salva es la de tu esencia. Entonces el miedo merma y seguís caminando, seguís pateando el bosque, subiendo cada vez más alto y el miedo ya no te paraliza sino que te vuelva más fuerte, hasta que desaparece totalmente.
El bosque hoy fue mi barrio ¿Miedo? ¡No! Seguridad. Nadie puede hacerte daño si vos no lo permitís. Menos un pozo sobre el asfalto.
La adrenalina crecía con la velocidad que mis piernas le daban a mi bici. Oscuridad total mientras tarareaba canciones que ya no recuerdo.
El placer de ser parte de esa oscuridad que es tan clara y tan sanadora. Y las lágrimas si caían. Porque a veces esperás, anhelás que alguien comparta con vos esa oscuridad. Pero las lágrimas se secan porque sabés que te tenés a vos mismo y porque sabés que estás por llegar para volver a partir.
Al final de 50 cuadras llegué.
Una sonrisa en la cara, unos puchos en el bolsillo y obviamente ¡una coca bien dulce en la mano!
Uno es a veces su propia oscuridad porque no ve la luz que lleva adentro y porque deja que el árbol le tape el bosque.
Mi bosque es parte de mi. Yo soy mi propio bosque, mis montañas, mi hogar, mi oscuridad y mi luz.



El Bolsón-Patagonia Argentina

jueves, agosto 11, 2016

Cuál Será el Rostro del Amor...

Te vi en mi sueño esta noche... pero no sé si eras vos él o aquel... pasaron tantos años sin cara.. años con destellos de luz que al aparecer el alba se desvanecían una y otra vez... La persiana cada vez la abro más a ver si es así como atraigo a esa cara que no tiene rostro, que no tiene tangibilidad y que no espera por mi pero yo si la añoro tanto...
Alguna vez te preguntaste cuál será la cara del amor?... alguna vez te sentiste buscar esa cara en una y otra mirada en uno y otro cabello, en una y otra mano pero las manos suelen estar frías como los corazones de esos rostros sin amor... Y yo sigo mirando en silencio, inspeccionando esas muecas que de repente muestran los dientes voraces y te arrancan los pedazos...
Qué rostro tendrá el amor?
Lo soñé con el tuyo, con el de él, con el de aquel... hasta con el mio propio!!!! Pero todo se volvió confuso hasta que fui a aquel pantano cerca de la casa que siempre está inclinada... esa casa que se va a `pique y en la que hay que estar en permanente equilibrio para no caer al precipicio ... Arranqué la flor más carnosa..esa que te gustaba tanto para ir a tu encuentro para hacerte mi ofrenda... Pero los caminos ya no estaban donde los conocí... Los caminos me llevaban de una casa a otra todas a punto de derrumbarse y no pude encontrarte más.... Y pensé que el amor tiene la cara aplastada y que mi flor tan particular no tiene sentido alguno ya que solamente yo la admiro y conservo aunque esté muriendo cada día...
Cuál será el rostro del amor?
Cuál será el rostro del amor?


jueves, mayo 19, 2016

Fragmentos de Mi (Actuación)

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Destellis Madriss

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Profetas del Pucho

LOS PROFETAS...ELLOS LO SABÍAN!
Siempre me pregunté por qué algunas personas de esas que están más allá del bien y del mal... esas q uno se encuentra en la calle, desvariando (eso es lo que yo pensé) o algo así, juntaban colillas de cigarrillos y se las guardaban en los haraposos bolsillos...
Sin ir más lejos la semana pasada tuve que viajar amorcillada en el furgón del tren y observé a un muchacho q juntaba cuanta colilla encontraba... AHORA ENTIENDO TODOOOOO!!!! ELLOS LO SABÍAN... SON LOS PROFETAS!!!! EN LA LOCURA ESTÁ LA CORDURA MÁS SENSATA QUE EL SER HUMANO PUEDE ALCANZAR!!!

Destellis Madriss

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Destellis Madriss

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Desstellis Madriss

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Cadáveres de Crujiente

Entrando al baño de madrugada te veo ahí arrinconada, asustadiza, oscura y desconfiada aunque sabías que no tenías que tener miedo,  contra ese rincón de moho que jamás limpio porque quién sabe, tal vez es un mundo diferente que no quisiera destruir...tal vez ese microplaneta en el cual te cobijas sea la reencarnación de mis antepasados y de mi futuro cercano.
Me mirás mientras hago mis cosas de siempre y hacés de cuenta que no me ves y yo hago lo mismo; la indiferencia entre nosotras es lo que produce esta convivencia tan apacible en la que ambas partes respetamos el derecho de habitar, de vivir, de estar de la otra parte.
Así son nuestras madrugadas. No tengo idea cuál será tu vida durante el día, no tengo idea de tus actividades pero intuyo que ambas somos nocturnas.
Nos alimentamos de noche, salimos de noche, nos mostramos solamente en la oscuridad y podemos permanecer inalterables durante horas, inmutables mirando a un punto fijo; hice la prueba; me fijé cuánto aguantabas mirando a un punto fijo haciéndote la distraída y sinceramente me ganaste por cansancio.
Demasiadas similitudes entre nosotras.
¡Todo era perfecto! ¿Por qué tuviste que arruinarlo?
Juré dejarte el espacio, ¡pero a vos! ¡Ese era el trato! ¿Y vos qué hiciste? ¡Y no te quieras justificar porque sabés que tengo razón! Comenzaste a invadirme de a poco.
Hace cuatro noches ¡ya no eras vos en el rincón! Ahora había más compañía. Trajiste amigos parece. Me levanté como todas las madrugadas para ir hasta el inodoro y ya no te vi en el rincón de siempre, estabas muy cómoda en medio de los azulejos del piso del baño. A unos centímetros de vos algunos de tus clones tan oscuros como vos. Nadie de ustedes me respetó en lo más mínimo. No se quedaron en estado de stop para que yo pasara si no que corrieron reboltosamente hacia todos lados teniendo yo que esquivar mis pasos para no aplastarlos ¿No te das cuenta que no quería aplastarlos?
¡Era un trato amiga! ¡Un pacto no dicho pero al que ambas partes habíamos accedido y vos rompiste las reglas así que no me culpes por las consecuencias de tus actos!
Yaces envuelta en pedazos de papel higiénico ahora. Yacen allí también tus pares. Hace cuatro días recojo cadáveres. Fui muy cobarde para aplastarlos; no pude. No  podría ver todos esos fluidos saliendo de sus cuerpos quedando impregnados en mis zapatillas para siempre.
Algunos cuerpos todavía se mueven;  yo no sé si están sufriendo o serán especie de tics post mortem. Mis madrugadas ahora no te miran y me reflejan. Mis madrugadas ahora no esquivan cuerpos convulsionados que corren hacia los rincones sin respetar mi espacio y nuestro contrato de convivencia. Mis madrugadas limpiaron el microplaneta de el rincón de mi baño, ya solamente mio.
Mis madrugadas ahora entierran pequeños y oscuros cadáveres en tachos de basura envueltos pedacitos de papel higiénico.
Ahora te pienso como arte. Artísicos cadáveres de crujiente estructura apilados en una gran montaña de basura y al pensarte como arte te digo, -¡No estés triste que cuando uno es arte no es tristeza, ni absurda melancolía!-.


FOREST

Nunca les pasó que tienen ganas de salir corriendo como Forrest Gump y nunca parar!!! No pensar en nada... que el mundo se vaya desmoronando detrás de cada paso que uno da pero que a uno le importe tres pepinos!!! Solo pensar en cada pisada... con la vista puesta en el horizonte.. sin preocupaciones sin anhelos, sin deseos... solamente mirando la nada... sin pasado sin futuro solo el presente de los pasos...

Pantanos

Y de repente, así como un milagro, aparece lo perfecto!...claro está que es lo perfecto para uno! y de repente, así como apareció la perfección, ese estado de tranquilidad en el cual uno flota y se despreocupa de todo, desaparece!!!! y de repente, NO QUEDA NADA, NADA DE NADA!!! Lo perfecto solamente duró un instante que fue tan corto que ni siquiera puede uno guardar el sentimiento de esa anhelada perfección...solo queda la bronca de que lo perfecto haya aparecido para simplemente irse...eras mi paraíso perfecto... ahora,... el pantano de la tristeza...y más triste se vuelve cuando pienso y afirmo el que vos sufrís más...porque te quiero tanto que no entraría en letras ni el soles ni en los cosmos con los que soñas... un cosmos al que no pertenezco ni pertenecí porque todo se trató de mi pequeño paraíso y de tu fugaz escape de una realidad que te sofoca... no puedo hacer nada, no pude hacer nada... pantano de la tristeza soy...


...

...porque ahí parece ser que demostrás tu amor por los demás... dicen que mis sentimientos no se ven, siempre me lo dijeron pero qué carajo saben los demás de mi?
Cuando nací pronosticaron mi muerte pero a nadie le importó... mi padre huyó y mi madre... mi madre, ... trabajó... así en la intrascendencia viví y así en la intrascendencia sigo viviendo... podría decirse que le gané a la muerte... pero,... le gané en verdad?...te dicen como tenés que vivir como tenés que cumplir, como tenés que ser responsable y cuidadosa porque todo lo que importa es lo material y no vos! solamente importan las cosas...pero a mi se me rompe todo.... se rompe todo en mi vida... nada dura todo se quiebra... todo se destruye... y entonces me pregunto,...si la muerte es peor que la vida y la verdad a esta altura no lo creo....me acusaron siempre de que mis sentimientos no se ven y entonces yo los acuso de nunca haberme visto realmente....


La mantecuá bajo la axilá^¨ (esto es teatralidad)

A quién no le puede pasar salir a hacer las compras con un repasador y la manteca debajo del brazo????!!! Eh???!!! Es tan raro eso???...
Resulta que saliendo de mi casa para ir a los chinos me percaté de que además de tener las bolsas de basura en una mano, la llave en otra y estar controlando a los perros que estaban haciendo flor de quilombo enloquecidos por salir a la calle, me percaté que debajo del brazo izquierdo sostenía con la axila un repasador con la manteca envuelta en él y sus respectivas migas de las tostadas que recién había comido...
Antes de salir a la calle debía dejar el repasador en la cocina y la manteca en la heladera.... pero bueh! Me olvidé.... y salí con la manteca debajo del brazo.
Para no tener que regresar adentro con las bolsas de basura, los perros exaltados, abrir y cerrar nuevamente la puerta, apoyé el repasador con la manteca en el capot de la camioneta de mi hermano... algo que cualquiera hubiera hecho... si iba hasta la esquina y volvía... nadie ni nada corría riesgo... la manteca estaba a salvo allí...
Pero siempre el diablo mete la cola...
A los cinco minutos regresé y mi hermano estaba enloquecido y me imputa en la vereda.... me hace un interrogatorio sobre si yo dejé la manteca sobre su camioneta que recién había lavado y que le llevó cuatro horas y que la manteca la comemos todos, y que las ,migas del repasador cayeron sobre la camioneta recién lavada y que se había asustado mucho y que había pensado que nuestra madre le había revoleado el repasador sobre la camioneta adrede porque según él ella pensó que él había dejado las cosas de las tostadas sucias y etc etc etc...
Me declaro culpableeeeee!!!!
Y al grito de: A VOS NO TE IMPORTA NADA DE LA VIDA!!! VOS TE CAGAS DE RISA DE LA VIDA!!!, dió un portazo y entró!!!!
REFLEXIÓN: Es verdad... no me importa nada de la vida y me le cago de risa en la cara jajajajaja...
Me quedé un rato en la vereda riéndome mucho por la situación y pensando... esto es teatralidad!!! (pensando en la clase del viernes de análisis de texto) ....


Mis Palabras

Leyendo a Pessoa recordé que durante años, muchísimos años...unos casi 30 había guardado mis escritos muy cuidadosamente...en cuadernitos y hojas mis palabras fueron materialidad todo ese tiempo... y acabo de recordar el cajón de los recuerdos..el cajón de los recuerdos (cajón de un viejo mueble de mi niñez pintado por un papá ausente) quedó en el húmedo y asqueroso galpón de las porquerías... el galpón de lo que no sirve... el galpón de lo que se tira pero nadie lo hace... Me dirigí al fondo a buscar a mis palabras... pero mis palabras ya no se leen... están todas empapadas en moho, con gusanos sobre ellas, con un olor nauseabundo.... todos mis papeles hechos una especie de pasta de papel y mis palabras deshechas por el tiempo... por el poco espacio para guardarlas.... mis recuerdos han muerto...será que es mejor olvidar?... justo hoy que me quería reencontrar!

Yo No Quiero

Yo no quiero salir por la mañana, tomar el colectivo, mirar por la ventana, con lluvia, sol, sin calma, debajo de ese puente tan cerca de aquel cielo  de  tan pocos que brilla con  la miseria de tantos otros...
Yo no quiero ver cada medio día, cada tarde, cada noche, a esa mujer de antaño, que se le pasan los años, sobre ese colchón de hastío que mira los colectivos de manera himnotizada, tan distante tan lejana, mientras le llueven las gotas de un techo sin dignidad, de un puente con humedad, de carente importancia de una sociedad tan fría que congela como en una fotografía las vidas de tanta gente que parece transparente aunque por poco aún respire y su aire, sus suspiros sean sólo ecos sin sonido, de abandono y sin destino.
Yo no quiero academicidad en mi puta realidad... No soy más! No adjudico diplomacia ya que es mucha mi ignorancia y demasiada realidad acecha con la veredad mis sueños adolescentes de utopías y marxismo, de combativas creencias y pensando que la vida tenía tantos sentidos y que estando todos unidos , algo ¡un poco! se podría remendar...
Hoy me encuentro ante un teléfono ofreciendo planes de vida. vendiendo lo más absurdo, mintiendo y siendo cómplice de un sistema carente, prometiendo eternidad a personas que no conozco ni me quieren escuchar... vendo vidas eternas, programas con garantía para extenderle la vida a quien imposible es salvar...
Hoy me encuentro ante esta vida, ...en la que mi sonrisa me es prohibida y me mandan a callar...
Y digo NO cuando se me canta ya que el verso de la positividad no me lo venden más...esfuérsense y pierdan tiempo tratando de convencerse en que uno atrae lo negativo y también lo positivo .. pero conmigo no cuenten, en esa creencia demente de gente que se conforma con creer en un destino en vez de hacer su camino con conciencia y con verdad!
Yo no quiero no poder sonreír más....matarme a carcajadas o llorar aún por pavadas con miradas que me juzgan y me obligan a cambiar!
Yo no quiero perder mi autenticidad...pero cómo es posible esta vida en un sistema que te exige complicidad, burocracia y mentira, ojos que miran sin mirar...
Yo no quiero que me impidan sonreír...
Yo no quiero que las cosas me dejen de doler me dejen de afectar
Yo no quiero que me obliguen a cambiar...

sábado, mayo 09, 2015

La Silla

Campo, campo , campo, mucho campo.
Pequeña casa colmada de transeúntes que deambulaban del sillón a la cama de la cama a la silla de la silla al cigarrillo.
Silla de ruedas y mujer palideciente con sus mechas bien negras sobre su cara que no levantaba mirada jamás.
Todos circulaban esquivándola, con pasos pesados, con penas que ya no cabían en sus cuerpos y los hacían casi besar los pisos y sangrar sus rodillas, encorvar sus espaldas duras, curtidas y sangradas por los látigos de los interminables días de esqueléticas sombras que perseguían sus mentes y flagelaban sus cuerpos de inconstantes respiros; ellos, los todos, no la veían, más bien no la pensaban, mejor dicho intentaban no percibir  la presencia de la silla que mirasen donde mirasen los acosaba desde los rincones, fija, triste y oscura;  escalofríos por sus sistemas nerviosos que les daban horrendos shocks los llevaban a alejarse lo más posible, de la silla, por un temor inmenso, inconmesurable y absurdo  ¡¿Absurdo?! ¿Por qué no? ¿Quién sabe?...
La niña, ella, inocente, transparente, casi translúcida, con un alma blanca y una mirada liviana; la niña era quien le tenía piedad y compasión la que podía mirarla con sus cielos ojos elevados, sin bajarlos, sin sentir lástima ni temores transitando las baldosas frías de la casa casi como flotando, sin arrastrar sus  pies, con pasos dulces pero firmes, buscando en los rincones a la silla con la curiosidad de un ángel que baja a la tierra y pretende conocer las acciones de los hombres.
Jamás le había temido a la soledad de la casa de alto, de baldosas frías y transeúntes temerosos. Jamás le había temido a las tormentas ni a los rayos que caían repetidamente casi sobre la ventana de su habitación. Jamás se había prteguntado siquiera por qué ella vivía en esa casa ni por qué nadie la visitaba. Nunca jamás había pensado en vivir en otro sitio.  Nunca jamás se le ocurrió que algún otro sitio existiera. Y nunca pero nunca le temió a la silla oscura de mechas negras. Pero un día de fina garúa; un día en que no se escuchaban cuerpos arrastrados cerca; un día donde sonaba una melodía en la casa, una nana tranquila, serena y suave al son de la llovizna que no cesaba. Ese día, el día más perfecto para observar por su ventana, para recorrer la casa, para bailar, brillando y patinar en las baldosas del largo comedor, completamente sola, completamente consigo misma, sintió que sus extremidades comenzaban a paralizarse. Estremecida buscó a su respiración pero casi no obtuvo respuesta. Sus ojos que no conocían lágrimas ni humedad alguna comenzaron a derramar sal sobre su cara. Intentaba moverse pero su cuerpo se retorcía, se contorsionaba, caía hacia el piso como si un imán lo atrayese. En la espalda sentía el peso de mil rocas y sus piernas no tenían la fuerza suficiente para soportarlo. Desesperada comenzó a buscar ayuda, compañía, ¡algo! Mil preguntas desconocidas y misteriosas colapsaban su mente y aunque intentaba gritar las palabras no transpasaban sus cuerdas vocales y se anudaban en la garganta y en su estómago. De pronto, en su rincón preferido, ese rincón al lado del reloj antiguo y del ventanal, de los libros y de la claridad de las horas del día...¡la silla!, la dureza, la tristeza, la oscuridad siendo las doce. La desesperación y el miedo...el temor y la desdicha. La silla se le metía en sus pensamientos, percibía sus miedos y se volvía más cruel...la enredaba en sus mechas negras y la sometía a su tristeza, a su agonía, a su soledad. La atraía hacia ella. La zambullía en sus deseos malignos y rencorosos volviendo a ese otro cuerpo parte vital de su alma; tiñéndola de negro sin dejarla escapar. Mutilando su frescura y su juventud, condenándola a un espantoso encierro dentro de cuatro gigantes muros que no podrían romperse nunca más.
Paralizada la niña intentó escapar. Pensó en un pájaro. Se pensó un ave y quién sabe de dónde sacó el poder ¡pudo desprender sus pies del piso y correr! No sabía hacia dónde, pero corrió y siguió corriendo. Subió escaleras, recorrió pasillos, abrió cien puertas hasta ver una ventana abierta por la cual se escabulló. De pronto una ráfaga de aire fresco, con la lluvia que ya a esa altura era tupida, le dieron una esperanza, aunque sus pensamientos no podían ser claros ni optimistas.
Desde la ventana se arrojó a un techo que asomaba ¡Todo era tan confuso! Paredes gigantes empezaron a levantarse llenas de maleza mala y con espinas. Estas paredes se le hacían familiares, aunque supuso nunca haberlas visto antes...pero le era de repente todo tan familiar, como si ya hubiese conocido a esas paredes que se descascaraban sobre su cara y crecían casi enterrándola, pinchándola, atrapándola.
No podía hacer otra cosa que subir, escalar apoyándose en  las ramas que surgían de todos los lados. De pronto sobre una de las paredes se abrió un hueco por el que pudo ver, ver, ver...¡ya no quería ver, solamente quería despertarse!
De pronto por esa abertura vio que los campos ya no estaban; toda esa inmesidad de verde se había transformado en mar, en océano. Agua y más agua por todas partes. El agua se había tragado a la casa, junto a muchas de las almas abatidas que en ella vivían. La oscuridad se lo había llevado todo. Sin bote, sin tierra firme, sin luz, sin esperanza...solamente ese muro que sostenía lo que quedaba de ella y esas enredaderas frondosas que con sus espinas bloqueaban algún indicio positivo que le quedara.
Pensó en saltar. Abrir más la apertura del muro y saltar. Sin esperanzas de llegar a ninguna costa.  ¿Pero qué otra cosa le quedaba para hacer? Cuando lo decidió después de un largo tiempo de meditarlo, confusa, observó que dentro del agua se movían a toda velocidad cosas. Cosas que ella no conocía. Unos bichos raros alargados, escurridizos, que con su único ojo parecían desear que ella cayerse para devorala, penetrarla y llenarse con cada célula de su inocente blancura.
Estaba frustrada. Exhaló y continuó subiendo repitiendo sin parar,-quiero despertarme, quiero despertarme-.
Continuó trepando siendo la pared cada vez más alta, creciendo más y más a medida que ella avanzaba; una cumbre inalcanzable y un cielo tan lejano tan rojo, tan Filoctetes en su pira,  tan de fuego, que ya no sabía si quería alcanzarlo.
Y de pronto ¡gritos! Espeluznantes gritos y los transeúntes de la casa todos, salían de la nada.  Cuerpos asquerosos, que babeaban y gritaban ensordeciéndola, enloqueciéndola. Esos cuerpos que se iban estrellando de a uno, o de a muchos, o de a todos juntos contra las paredes una y otra vez hasta hacerse añicos; reventando sus cráneos, despedazándose, empujándose con violencia hasta hacerse trizas, mientras ella atónita, perpleja, era bañada en sangre de los miserables y la convertía más que una espectadora, la transformaba en otro cuerpo sin mente perteneciente a la misma detestable miseria.
Todo se sucedía rápidamente. Los cuerpos se volvieron pedazos desmembrados que caían al océano uno tras otro, hasta desaparecer por completo detrás de las paredes quebradas.
Era el fin. Era el fin cuando desde lo alto, desde ese fuego incandescente, la niña escuchó una voz, una voz de telaraña, una voz carrasposa de mechas negras y silla de ruedas postrada en rincones, ahora ya no oscuros, si no ardientes, furiosos, en medio de un cielo tormentosamente maldito.
La niña levantó la vista entregada a ese destino provocado por ver fuera de su blanca inocencia; el destino al que ella nunca supo que se encaminaba, cegada por su feliz infancia, necia, tan felizmente necia; creer en la bondad, creer en que todo estaría bien para siempre ¡qué necedad!...y finalmente ¡el ver! Y al ver también  escucha desde la tenebrosa voz,  -¡Sos mía!- Las mechas negras se incorporan se levantan de la silla que levitaba en el huracanado cielo rojo las mechas negras levantaron la mirada de fragilidad furiosa, la niña lo mismo hizo...las miradas se encuentran y la niña desea morir porque en verdad ya ha muerto...la silla de largas mechas negras, la oscuridad, la maldad, la devastadora nada que arrasó, destruyó y desvaneció todo su mundo feliz bajo las lánguidas mechas negras de paralítica silla de ruedas oscura ¡tenía su mismo rostro!
¡Despiertenmé! Por favor...

jueves, marzo 19, 2015

¡Mis Letras en el Otro Continente!

Mañana será declamado a las 17 hs Argentina uno de mis poemas en una radio online de Canarias, España... ¡Gracias a los hermanos españoles por elegir mi arte!

http://www.radioguiniguada.com/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=13

domingo, octubre 26, 2014

El Loco de los Boletos

EL LOCO DE LOS BOLETOS (Ivi Vitelli)

Bajé en la misma parada de siempre, allá por los pagos de Caseros. Esta vez tenia indicaciones específicas guardadas en un papelito para llegar a otro destino cercano allí pero no tanto como para caminar. Pregunté por la escuela indicada y por la parada del 181. Allí donde no había cartel alguno era la parada.
Esperé con otras dos personas no más de cinco minutos cuando velozmente y con  ímpetu dobló el 181 cartel amarillo. A media cuadra se detuvo y comenzaron los bocinazos; un coche había maniobrado para salir de donde estaba estacionado y se la dió de frente contra un coche que salía del estacionamiento de enfrente. A todo esto tres colectivos atascados por el accidente. Movieron los coches y el 181 llegó a mi parada. La señora cachetona le hizo seña molesta por la demora y bocinazos anteriores. Subimos. El colectivo venía lleno y como yo no estaba orientada decidí sentarme en el asiento que está justo en primera fila del lado del pasillo, o sea, en el asiento que casi está aplastado contra la máquina expendedora de boletos con tarjeta Sube, la máquina expendedora de boletos con monedas, el chofer, la maquinita donde el chofer aprieta cuando uno le pide el boleto, y la gente que sube y al ser tan diminuto el pasillo para pasar hacia el interior del colectivo, se refriegan contra todo tu costado izquierdo del cuerpo que suda y suda pegado al pasajero del lado izquierdo e irritado por los roces reiterados del lado izquierdo.
La molestia en ese asiento siempre es muchísima por algo casi todo el tiempo está desocupado. Lo ocupé porque el viaje según me habían indicado era muy corto y porque el choffer iba a indicarme adonde bajar.
Pasaron unas dos paradas o cuatro cuadras como se prefiera y sube cantidad de gente. Entre ellos y al final, se presenta eufórico ante el choffer, un hombre, un hombre que se llama a sí mismo -"¡el loco de los boletos!"-. Casi no pude divisar su rostro ya que siempre se mantuvo con la vista hacia el hombre concentrado en su volante, emitiendo pequeños diálogos y con su dedo ìndice apoyado en la máquina donde el conductor marca el precio del pasaje. Su dedo índice comenzó a presionar una de las teclas, justo la más grandecita sobre el borde derecho de este aparato. Presionaba una y otra vez y este hombre de contextura delgada, un tanto encorvado, de piel curtida y por lo que vi muy malas condiciones su dentadura, presionaba y presionaba una y otra vez y el ruididito comenzó a ser música para mis oídos, música creada por el ruido de la máquina más el boleto que caía y comenzaba a llenar ese espacio que las máquinas con monedas tienen con tapa semi transparente de donde uno antes de tener la tarjeta magnética tomaba su boleto impreso; la música era ya orquesta, las risas del Loco de los Boletos contagiaban y transportaban a un mundo o mil mundos diferentes... mundos a los que seguramente él viajó con cada presión en la tecla y cada boleto que imprimía sin pagar, sólo por juego, sólo por ver colmado ese espacio.
Mientras él seguía sonriendo yo no podía dejar de sonreir con él y de viajar como pasajera a esos mil mundos a los que me llevaba su música y vivir esas mil vidas a las que me llevaban cada boleto que llenaba ese espacio que parecía nunca colmarse pero que con la velocidad en la que apretaba y presionaba caían más y más amontonándose uno tras otro, uno arriba del otro, enredados o simplemente tocándose en un suave roce que los hacía flotar y acomodarse para dar espacio a un nuevo pasajero, una nueva vida, un nuevo mundo.
El roce de la gente que no paraba de subir parada tras parada en el recorrido del 181 ya no me importaba. Mis ojos y mi sonrisa se habían detenido en este loco que en su locura tenía la más certera claridad de que sólo somos viajantes, pasajeros en este mundo que nos lleva quién sabe adónde; del que nos bajamos y volvemos a subir quizás en otro viaje o quién sabe ¡Esta feliz locura de vivir, inmortal, sin parar de viajar jamás, para siempre, me hizo feliz!
Cuando el espacio estuvo colmado, lleno de papeles con distintos destinos y valores, fechas y horas, "El loco de los boletos" siguió sonriendo; saludó con la misma alegría con la que subió al choffer quien frenó suavemente, lo despidió sabiendo que este hombre subiría a otro colectivo y a otro y a otro más así por el resto de los días de su vida, de sus viajes, de su inmortalidad. Entonces es que arrancó, me miró de reojo y me dijo - pidió que cuando se muera lo entierren y lo cubran con los boletos-.
Sonreí llena de esperanza perdiéndole un poquito más el miedo a la muerte.
La vida, un pasaje, la vida, un pasaje, la vida, un pasaje, la vida un pasa, la vida un pa, la vida un p, la vida n la vida u, la vi. la v, la, l,.....................................



domingo, octubre 12, 2014

...

Mi segunda participación en la revista Qu Literatura; esta vez en el cuento colectivo...
¡Mis pequeños orgullos!




Participé en el N.9 y en este N.11...

,,,Para leer online la revista

http://www.qu-literatura.com.ar/revistas.html